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Carta del Director PDF Imprimir E-mail
Escrito por Juan Ramón Rico Ortega   
Viernes, 20 de Agosto de 2004 13:11

¿QUÉ MUNDO QUIERES? 

Y los  bendijo Dios  diciéndoles: Creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven en la tierra. Y añadió: Os doy todas las plantas…todos los animales…y vio Dios  todo lo que había hecho y todo era muy bueno” ( Gn.1, 28- 31

De un mundo bien hecho, unido, armónico y dispuesto a compartir…a un mundo dividido y roto.

  

Si hacemos un breve análisis de la realidad constataremos que nuestro mundo, está marcado por múltiples fracturas, siendo realistas diremos que nuestro mundo se encuentra enfermo y necesita curarse.

  

Creo que una gran mayoría pide, exige que estas heridas, sean reparadas y curadas cuanto antes, tanto por el bien individual como colectivo, si queremos vivir en paz y armonía. Nosotros como colectivo de educadores, estamos llamados a trabajar con audacia, ilusión y creatividad para sanar cuanto antes estas heridas.

 

Me voy a limitar a señalar sólo tres de sus fracturas.

  

La primera es la que hace referencia a la solidaridad entre las personas. En nuestro mundo existe una pésima distribución de los recursos humanos. Aumentan cada vez más las desigualdades entre el norte y el sur, la falta de mentalización para cuidar el medio ambiente. Nuestro compromiso en el campo de la  educación, es trabajar para dejar en herencia una sociedad más solidaria y un  planeta más limpio para las futuras generaciones. El problema no es de recursos o de falta de ideas, sino de una justa distribución de los bienes y de voluntad política para resolverlos. Está muy claro que  estamos llamados a formar para hoy y mañana “buenos cristianos y honrados ciudadanos”.

  La segunda fractura es la relacionada con los problemas que tienen que ver con el “sentido de la vida”, altas cifras de patologías ligadas a la soledad, malos tratos, estrés, falta de tiempo para el cultivo personal… En una sociedad egoísta e individualista, donde se potencia el tener sobre el ser, es urgente actuar y hacerlo con constancia a tiempo y a destiempo para recuperar el sentido comunitario y fraterno que hay en el corazón de cada ser humano; cada persona necesita ser  acogida, escuchada, ser tratada con bondad, benevolencia y ternura y estar en comunión con los demás, para  sentirse  realizada y feliz.   

Aquí podemos enmarcar aquel mandato de Jesús a sus discípulos (que leíamos el primer domingo de agosto) “dadles vosotros de comer”.

La mirada y la compasión de Jesús están en el origen de su gesto de dar de comer a aquella multitud que le seguía y estaba hambrienta.

En medio de un mundo en el que muchos están desorientados, solos, como ovejas sin pastor, a nosotros se nos pide que sigamos alimentando, haciendo crecer, desarrollando y defendiendo la vida. Nos mueve la esperanza de que nuestro mundo sea una gran mesa abierta en la que se sepa compartir el pan de la cultura y la educación, el pan de una justa distribución de las riquezas, el pan de la lucha por una mayor igualdad y el pan de la Palabra de Dios que nos dirá en cada momento y circunstancia cómo tenemos que actuar y vivir.  La tercera fractura en la que me voy a parar es en las fracturas que se dan en el seno de las familias en las que cada vez resulta más difícil educar y encontrar tiempo para estar con los hijos,  las esposas o esposos, en definitiva poner en primer lugar los intereses y necesidades familiares.   

Después diremos que la culpa la tienen los ritmos laborales, el cómo se ha puesto la vida…pero en el fondo me atrevo a señalar que la causa de esta situación puede que sea   la falta de una escala de valores y de prioridades que toda persona necesita para ser feliz. Estoy de acuerdo con muchos autores que afirman que nadie parece querer estas fracturas, ni generarlas explícitamente, pero realmente se generan en relación con nuestros pequeños actos, nuestras maneras de permitir determinadas cosas, de no denunciar ciertas injusticias y comportamientos, de apoyar determinadas políticas…  

Todo esto viene propiciado por el creciente individualismo y el poco sentido comunitario, solidario y la falta de generosidad para compartir con los más necesitados.  Aquí se encuentra una de las claves más importantes en nuestra misión como educadores cristianos, para convertirnos y poder ayudar a cambiar el corazón de las personas su ritmo y la orientación de nuestro mundo.

Vivir el sentido comunitario que encontramos en las primeras comunidades, “lo tenían todo en común y nadie pasaba necesidad”.(Hch.2, 44)  Descubrir que estamos hecho los unos para los otros, que necesitamos vitalmente del otro, que la clave  nos la dio hace siglos Jesús de Nazaret, un hombre auténtico y de carta cabal que pasó por la vida “haciendo el bien a todos”.  

“Amaos los unos a los otros como yo os he amado porque en esto conocerán que sois mis discípulos”.  (Jn, 15,44)  

Nosotros, cambiaremos cuando aprendamos a compartir nuestro trabajo, preocupaciones, tiempo, bienes, proyectos, ilusiones, problemas, dificultades y aprendamos a resolver juntos todo aquello que consideremos importante, justo y bueno.

Nuestros niños y jóvenes cambiarán cuando aprendan a compartir sus pequeñas cosas, sepan salir de sí mismo y darse al otro. Nuestro mundo cambiará cuando deje de vivir  de la mentira y falsedad y luche por implantar el reino de la honradez y la justicia.

Cuando se ponga del lado de los más débiles para compartir con ellos todo aquello de lo que carecen.  El amor a los demás, el compartir con…, son las medicinas que curará las heridas y romperá las  fracturas, divisiones, odios, desigualdades, guerras… y sembrará por doquier justicia, amor y paz.  Tenemos por delante queridas amigas y amigos un nuevo curso donde no nos van a faltar ni personas, ni acontecimientos para crecer en el valor cristiano del compartir.  Feliz curso para todos y un fuerte abrazo.  

 H. Juan Antonio  

Última actualización el Domingo, 05 de Octubre de 2008 15:59
 

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